Lola tenía ganas de volar... pensaba y se preguntaba por qué no existían esos zapatos con alas que tanto, tanto soñaba...
Inclusive cuando sus papás decidieron dejar Francia para atravesar ese océano interminable ella pensaba: "Si yo tuviera mis zapatos con alas ya hubiera llegado a ese país que papá nombra, Argentina se llamaba?”
Más tarde, cuando fue adolescente y vivía en Mendoza, Lola miraba las montañas y decía... Si existieran zapatos con alas podría subir y bajar de estas montañas sin problemas y sin miedos... Esos miedos que la paralizaban tanto...

Cuando fue adolescente y le dieron su primer beso, Lola tuvo una sensación tan pero tan rara que quiso volar más lejos que nunca... "Dios, dónde están mis zapatos con alas?" se preguntaba...
Pero luego decidió que no iba a pensar en esos zapatos por un tiempo... y se casó con ese hombre al que había besado y tuvo sus hijas hermosas que no le daban ni un minuto para pensar en volar.

Luego de un tiempo Lola comenzó a sentir que muchas veces se deslizaba más rápido que lo normal y algún tipo de fuerza que desconocía la movía y cuando no, patinar un poco. Se sentía un poquito volátil, un poquito extraña... Un día al sacarse sus zapatos se dio cuenta que tenían alas!

Y Lola lloraba de alegría y no podía parar de reír y llorar... de emocionarse... dándose cuenta que sus ganas de volar y de tener esos zapatos con alas habían estado siempre presentes en ella y era posible, era real.

Sus hijitas chiquititas todavía no entendían que le pasaba a Lola y pensaban "como es que mamá se mueve tan extraño y encima llora y se ríe a la vez? Pero qué graciosa y divertida está mamá moviéndose así, no?" Las chiquitas se miraban cómplices y disfrutaban junto a Lola de estos nuevos movimientos traviesos y divertidos.

Pero, lo que sí sucedió es que esos zapatos no tomaron demasiado vuelo y tuvieron alitas, sí, pero muy, muy chiquititas y las mismas no crecieron como Lola pensaba que iban a hacerlo. Y sus zapatos no la llevaron ni a ella ni a sus hijitas tan lejos como pensaba. Nunca volvió a Francia por ejemplo, nunca atravesó las montañas para ver que había más allá tampoco...

Esta historia de Lola pasó de generación en generación y desde el año 2003 su nieta recordando a esta abuela "voladora" diseña zapatos con "alas" para que ella pueda finalmente cumplir su sueño de volar, cerca o lejos, a cualquier lugar. Como todos aquellos que buscan alas de distintos tamaños de acuerdo a donde quieren llegar.

Se dice que Lola Narsh tiene zapatos para todos aquellos de espíritu inquieto y ganas de volar.


 
 
Plumas